viernes, 29 de marzo de 2013

Bitácora de realidades V


Soñé que había ciclones
inundando casas, campos, las ciudades
y que flotaban animales río abajo;
en las calles nadaban cocodrilos
mientras la gente tiritaba
en azoteas y en árboles, llorando.
Soñé también un bombardeo
desde aviones y tanques, desde barcos
que a miles de kilómetros mostraban
su poder tenebroso, imperturbable,
luciendo sin pudor una bandera
de estrellas sobre barras blancas, rojas.
Traté de frenar la pesadilla
pero a continuación surgió ante mí
un campo devastado por matanzas
y niños lentamente agonizando
de un hambre ósea, ilógica, siniestra.
Soñé a continuación con un banquete
donde hombres y mujeres bien vestidos
se mentían mutuamente mientras urdían
cómo obtener más oro, cómo quedarse
con las últimas tierras comunales.
Soñé que la selva era talada
y sus habitantes no podían defenderse
contra gigantescos buldóceres,
contra los empresarios compradores de las leyes
y se morían también de enfermedades
fulminantes y extrañas, quizá nuevas.
Apareció en mi sueño brevemente
la guerra de baja intensidad
que los paramilitares y el ejército
hacían en un lugar llamado Chiapas.
Soñé que estaba en un país
donde la gente sólo hablaba repitiendo
lo que veía en la tele tarde a tarde
a pesar de saber que le mentían.
Soñé que el mundo estaba calentándose,
que los polos se estaban derritiendo,
y que algunos arrecifes habitados
comenzaban a ahogarse lentamente.
Ya no quería soñar pero seguía:
ante mis ojos ocurrían fraudes,
asesinatos día a día más violentos,
represión en las fábricas, minas, migración
de la gente que buscaba una salida
hacia otra realidad, dejando pueblos solos
como espejismos viejos que los días
tal vez terminarán borrando.
No sé cómo evadir la pesadilla,
el sueño se ha alargado tanto ya
que dudo llegue por sí misma la vigilia.
Trataré de tomar un sucedáneo:
tal vez pueda despertar
oyendo una canción de moda
o viendo una película filmada 
en un lugar que me recuerda a Hollywood.
Afortunadamente sé
que se trata nada más
de un sueño.


Ángel Carlos Sánchez

sábado, 23 de marzo de 2013

Penal en cuatro movimientos


(Fila)

Que no los pongan,
a los zetas junto a los otros,
los del cártel del Golfo.

Que los convenzan a todos, que los confiesen 
que les den hasta la extremaunción.
Que no esperen, que no llegue la noche
que no llegue para que se peguen con tablas,
bates y fierros…
Que no los torturen de madrugada,
que no les rocíen gasolina
que no los prendan
que el fuego no haga lo demás.

Que alguien haga algo para evitarlo
que no se cumpla la ley de la cárcel;
que no se mire, que no se calle.

(Aduana)

Un corto circuito no siempre provoca el incendio
los testigos ahí son muchos
y no les queda más remedio que aceptar
el atroz ataque y su intencionalidad.

Un celador y cuatro reos detenidos
el mando de la cárcel
y sus mismas manos criminales.

El penal es microcosmos de la ciudad
la lucha por el territorio es despiadada:
aquí en el penal como en las calles
los halcones sobrevuelan a los fuereños
planean sobre droga, armas
prostitución y privilegios.

Asesinatos, torturas
extorsiones y secuestros
son hoy nuestro pan de cada día
y motivo de fiesta con Buchanan´s
mujeres y cocaína.

Pasillos cubiertos de alambradas
púas cercando monstruos
equipados con Internet
blackberrys y nextel
los custodios simplemente dejan actuar
los privilegios de los jefes son algo normal.

(Túneles)

Que la narcoguerra no vuele sobre las cárceles
que no se imponga la pax del narco
que no surja la epidemia del “suicidio”
que no controlen las prisiones
ni ellos ni los estatales
ni mucho menos los federales.

Que el narco no secuestre a reos
para que la familia en la visita pague su “rescate”
y se les permita sobrevivir adentro
que no padezcan torturas y amenazas
que no recluten
que el poder no los seduzca
que no aumenten sus filas
que esos otros tengan un “consuelo”
siquiera la visita familiar.

Que no sean sádicos y los mutilen
que a los recién llegados no los golpeen
que los jefes no controlen y tengan el poder 
de decisión
que la corrupción de las autoridades
y el miedo de los internos y sus familias 
no se mezclen
que no se dobleguen las voluntades y acepten.

Que no exploten más granadazos
en Topo Chico, Cadereyta y Apodaca
la matazón de internos es angustia que mata.

 (Patio)

Por tanta Santa Muerte de oro al cuello
por eso estamos como estamos
por tanto culto que se rinde
en esas riñas en el patio
cuando llueve y se golpean
y todo prende y todo vuela:
desarmadores, bates y hasta “herramienta”.

Los charcos de agua se tiñen de rojo
es un sangrerío,
como de animales...
A los desmayados o muertos se los llevaban arrastrando
yo nomás me pego a la pared y pienso:
Señor, ten misericordia de estas criaturas.


POESÍA EXPERIMENTAL TESTIMONIAL. CONCEPCIÓN DE ADRIANA OLVERA CON CIMIENTOS DEL DOCUMENTO ESPECIAL “Penales del norte: hacinamiento, miedo, golpes, muerte y silencio” DE SANJUANA MARTÍNEZ PARA EL DIARIO MEXICANO LA JORNADA DEL 26 DE JUNIO DEL 2011. EN http://t.co/3BZwsE3
ARTE XEROX DE RINI TEMPLETON

lunes, 10 de diciembre de 2012

Las uñas de Diciembre - Antonio Balam Narváez


Las uñas de Diciembre
 
Diciembre es el más cruel
de los meses.

Llega en un tanque de guerra
adornado como fachada de circo,
hondeando banderas blancas,
mientras va atropellando
el futuro de niños
el pueblo festeja
con música de cohetes.
 
Diciembre es más cruel
porque en vez de palomas
sube gaviotas a los Pinos;
porque la máscara fúnebre
sube al pódium
enseñando su dedo índice.

Muerde Diciembre
con dientes de oro,
y hay un pueblo
en el pueblo
que da fe a la tele
aplaudiendo

como foca de acuario.  
Diciembre es viejo
y está pudriéndose,
pendiendo del árbol
que hizo con agujeros de balas;
es un abuelo asesino
que da besos con cachetadas.
 
Diciembre trae una mochila
con mapas de suicidio
para la cultura mexicana:
Plan Mérida, Plan Puebla-Panamá,
son los padrastros
de una raza huérfana y milenaria.
Es el abuelo ambición de estos
pútridos padres
el goliat de las trasnacionales.
 


¡OH LIGARQUÍA!

Pastilla somática venenosa.
Sacerdote que ha casado
julio con diciembre;
y en plena iglesia hay
hay una orgía de meses.
Enero es el primero
que se empina.
Diciembre es el más cruel
de los meses.
Tiene un Santa Claus
para los pinos.

Y los jóvenes,
y los jóvenes que no lo quieren,
por su larga barba de ignorancia
y su estómago inflamado de represión,
buscan romper
la piñata mediática
con versos
para no perder el tino;
porque si lo pierden,
porque si lo pierden,
ya no seguirá esta pequeña
lumbre de conciencia
iluminando
las tinieblas del destino.
 


Bandera nacional

El nopal está agujereado
por la balacera del cinismo:
armas de labios
coquetos
que escupen cruces
sobre el abismo.

¿puedes verlo, amor?
¿O acaso soy yo
quien tiene atravesado
con mil aguijones
de miedo
el corazón?

El águila ya no quiere pararse
sobre él,
vuela tan alto y luego tan bajo
como quien busca la huída
esperando volver.

Esta noche, amor, sé del instante
de luz
que besa las orillas
de la primavera,
sé de los rosales
que crecen
majestuosos
sobre la hojarasca del otoño,
sé de la esperanza
que se acurruca
alrededor del fogón
del horizonte,
y sé, también,
que la conciencia ideológica  es
el cenote
donde he de aventarme
todas las noches,
de espalda a mis palabras,
colgando en mi cuello
un collar de soles azules;
y ceñida mi frente
con una corona de niños
hambrientos
que buscan sus labios
en el aire.
El águila esquiva al cazador
no de sangre
pero sí de mente extranjera.
A lo lejos, el canto del quetzal
pone de pie al anhelo
arrodillado
ante el altar del escepticismo.
¿Y la serpiente, preguntas?
¿Y la serpiente, mi señora?
Se arrastra por el agua,
busca su voz en la tierra...

Allá va,
mírala,
amor,
Patria,
en busca del traidor
que ha disparado
torpemente
contra su espejo.
(En el nopal está escrita la palabra PAZ
con agujeros de balas.)

Antonio Balam Narváez

domingo, 2 de diciembre de 2012

Carta


 
 San Cristóbal, Tuxtla, calle San Antonio. La tertulia, las botellas rodando, el libro asido firmemente por la mano (quizá lo único firmemente asido), la voz recitando entrecortada a Pablo, al viejo Nicolás, al buen Nazim. Voces irradiando una quimera.

Voces de argonautas débilmente detenidas por apenas el grosor de las paredes. Amor en las palabras, fe en las palabras: lo demás quedaba goteando escaleras abajo, riendo escaleras arriba. Y la muerte en la metralla. La muerte en las cárceles. Y la desolación jamás en nuestros corazones, el odio jamás en nuestros puños. Lágrimas en nuestros ojos cuando se alzaba trémula la voz del buen Nazim, buscándole arreglo a este mundo. Los días de la camisa floja, el pelo enmarañado y el libro firmemente asido por la mano. Los días sin medida, agitadores de copas y canciones, de amor y olvidos de una noche anotados pulcramente entre líneas de un poema abandonado a la desolación de una libreta.

 

Inconteniblemente anochecemos y la confianza se torna amarga de distante…

Esta ya es la otra vida, compañero. De pronto se acabaron los sueños. Este es el Siglo joven y vivimos el crimen de otra guerra. Nuestra voz se inicia en la violencia, concluye en la violencia. Interminables crepúsculo de sangre para inaugurar el día. Ese día en que el pan y el vino amargarán los vientres hasta hacerlos estallar. No habrá salida posible para nadie. Escojamos, pues, los sitios y las armas.

 

¡Aquí todo será fruto de tormenta!

 

-Jaime Augusto Shelley